Como á aquellas horas no tengo ganas de volverme á dormir, dejo los periódicos: me rodeo al cuello un echarpe, me introduzco en un surtú, y á la calle. Doy una vuelta á la Carrera de San Jerónimo, á la calle de Carretas, del Príncipe, y de la Montera, encuentro en un palmo de terreno á todos mis amigos que hacen otro tanto, me paro con todos ellos, compro cigarros en un café, saludo á alguna asomada, y me vuelvo á casa á vestir.

¿Está malo el día?, el capote de barragán: á casa de la marquesa hasta las dos; á casa de la condesa hasta las tres; á tal otra casa hasta las cuatro: en todas partes voy dejando la misma conversación; en donde entro oigo hablar mal de la casa de donde vengo, y de la otra adonde voy: ésta es toda la conversación de Madrid.

¿Está el día regular? Á la calle de la Montera. Á ver á La Gallarde ó á Tomás. Dos horas, tres horas, según. Mina, los facciosos, la que pasa, el sufrimiento y las esperanzas.

¿Está muy bueno el día? Á caballo. De la puerta de Atocha á la de Recoletos, de la de Recoletos á la de Atocha. Andado y desandado este camino muchas veces, una vuelta á pie. Á comer á Genieys, ó al Comercio: alguna vez en mi casa; las más fuera de ella.

¿Acabé de comer? Á Solito. Allí dos horas, dos cigarros, y dos amigos. Se hace una segunda edición de la conversación de la calle de la Montera. ¡Oh!, y felizmente esta semana no ha faltado materia. Un poco se ha ponderado, otro poco se ha... Pero en fin, en un país donde no se hace nada, sea lícito al menos hablar.

—¿Qué se da en el teatro?, dice uno.

—Aquí: 1.° sinfonía; 2.º pieza del célebre Scribe; 3.º sinfonía; 4.º pieza nueva del fecundo Scribe; 5.° sinfonía; 6.º baile nacional; 7.º la comedia nueva en dos actos, traducida también del ingenioso Scribe; 8.º sinfonía; 9.º...

—Basta, basta; ¡santo Dios!

—Pero, chico, ¿qué lees ahí?, si ése es el Diario de ayer.

—Hombre, parece el de todos los días.