conmovió tanto como yo creía, y hasta se me figuró que le pareció mal que yo me comprometiese a ayudar a mi prima.
Después he visto claramente que las madres lo reconcentran todo en el interés de los hijos y desconfían de lo que puede perjudicarles.
Yo no dudaba: tenía la evidencia de que el viejo era Juan de Aguirre y de que Mary era mi prima.
VIII
URBISTONDO Y SU FAMILIA
Durante algún tiempo fuí casi todos los días a la casa de la playa. Mi tío marchaba cada vez peor. El médico vaticinaba el final para un breve plazo.
Varias veces pregunté a Mary si tenía algún proyecto para el porvenir. Ella me dijo que podría dar lecciones de inglés a los muchachos de Elguea y seguir viviendo allá; pero yo le advertí que esto era imposible.