—Ninguna.
Desaté el paquete, le quité el papel, y apareció una caja de metal con su asa, y en ésta una llave sujeta por un cordón. En la tapa, en una banda de papel pegada, ponía: "Muy reservado. Para abrirla a solas".
Estaba soltando la llave para meterla en la cerradura, cuando mi madre me dijo:
—
No la abras; no sé por qué me parece que viene algo malo para ti dentro.
Me detuve. La verdad es que esta caja con su advertencia era sospechosa. Pesaba lo menos tres o cuatro kilos. La dejé sin abrir, cogí los papeles que la envolvían, y miré a ver si en ellos había alguna indicación de su procedencia. Nada; no había nada. Llamamos a la criada, que era una muchacha nueva.
—¿Tú has recibido esta caja?—le pregunté.
—Sí.
—¿Quién la ha traído?
—Un hombre.