—¿No será una venganza?
—No, no; puede usted estar tranquilo. Dígale usted que es de parte de su familia. Será para usted y para ella una sorpresa agradable.
Tomé el sobre, vacilante. El siguió mirándolo todo con atención. Luego me dijo:
—¿Está su madre de usted?
—Sí.
—Quisiera saludarla.
—Bueno, pase usted.
Entramos en el cuarto de mi madre que, al ver a Machín, quedó sorprendida no sé por qué: Machín estuvo con ella muy amable. Hablaron los dos largo rato. Yo estaba inquieto con aquella visita incomprensible.
—¿Qué cambio es éste?—me preguntaba.
Al salir Machín, me dijo: