—¡Bueno, señora! me iré mañana mismo, si le parece, y con doscientos pesos haré el viaje y compraré las cosas y las misturas que me hacen falta. Y en un año, no habrá que comprarle al indino del licorero más que la soda y la cerveza...
—¡Está bueno! mañana mismo irá.
Pensé acercármele al ver que le brillaban los ojos, pero en seguida me pareció que quién sabe si no corcoveaba...
Yo al fin, soy un poco corto de genio... ¡aunque no tanto!...
VII
Esa noche quedó arreglado y convenido todo lo de la fabricación, y en buen camino las otras cosas, que por lo visto no le habían disgustado mucho á la gringa. ¡Ah! ¡me olvidaba! también me dijo:
—Usté no tiene capital, y aquí en el boliche hay un capitalito de unos pocos miles de pesos. Pero haremos cuenta que la mitá es de usté, para no andar con embrollos.
Yo me largué contentísimo al galpón, donde tenía mi cama, pero aunque era blandita, casi me pasé toda la noche revolviéndome, sin poder pegar los ojos.