Y al ratito, no más, dale, otra vuelta y otra...
—¿Qué gustan servirse, caballeros?
Carolina se había puesto furiosa.
—¡Ma!... ¡Ma!...—me decía atorada de rabia.
—La patrona está llamando á la mama, decía un paisano.
—¡Ó á la ma... múa del patrón!—retrucó otro.
¡Después, nunca me pude acordar!—Creo que hubo payada y baile, y que repartí cuanto había de comer y de chupar en la casa.
Lo cierto es que la pulpería quedó tecleando. Pero también, ¡qué farra!...
Á la otra mañana, me encontré tirado en un zanjón que había junto al palenque. Se me está haciendo que allí dormí, pero no sé cómo fuí á parar á semejante cama. ¡Cuando uno agarra uno de esos de P. P. y W.!...