—Mi general; en ese punto, me fío en el parecer de su excelencia.
—¡Adulación!—replicó Biassou—. Tu sentir es lo que pretendo averiguar, y no el mío. ¿Sabes que haya mejor tabaco de polvo que el de M. Lebattu?
—Por cierto que no, excelentísimo señor—dijo C..., con cuya turbación se divertía Biassou.
—Mi general, su excelencia, excelentísimo señor—repuso el caudillo con apariencias de enojo—. ¿Eres tú acaso un aristócrata?
—Nada de eso—exclamó el ciudadano general—. Soy patriota de 1791, de los puros, y entusiasta negrófilo...
—¿Negrófilo?—le interrumpió el generalísimo—. ¿Qué quiere decir eso?
—Amigo de los negros—tartamudeó, en respuesta, el ciudadano.
—No basta ser amigo de los negros—replicó Biassou con severidad—; hay que serlo también de los pardos.
Ya hemos manifestado que Biassou era salto-atrás.
—De los pardos era lo que quise decir, mi general—repuso humildemente el negrófilo—. Yo estoy relacionado con todos los más famosos partidarios de los negros y de los mulatos...