Para salvar este inconveniente que no consideró Veytia, es necesario creer, que yá intercalasen el dia al fin del decimo-octavo mes ó ya despues de los cinco dias complementarios; no solo debian marcarlo con el número y geroglifico del dia anterior, sino con otra señal que lo distinguiese del mismo para no confundirlos en su cita ó data.
Esta refleccion tan óbvia á qualquiera que medite en dicho órden la halle confirmada por el Caballero Boturini en el § 20 de su obra «Idea de una nueva historia general de la America septentrional» que dice hablando de los tultecos... «Viendo que el año civil no se ajustaba con el astronómico y que iban alterados les equinoccios, determinaron cada cuatro años añadir un dia mas que recogiese las horas que se desperdiciaban, lo que supongo ejecutaron contados dos veces uno de los symbolos del último mes del año (á la manera de los romanos que uno y otro dia de 24 y 25 de febrero llamaban bis sexto kalendas martias, de cuyo uso se denominó el año bisexto) sin turbar el orden de dichos symbolos, pues cualquiera que se les añadiese ó quitase, destruiria su perpetuo sistema y de esta suerte combinaron el principio del año civil con el equinoccio verno que era la parte mas principal.»
Tratando el segundo modo de intercalar el dia bisestil dice en el parrafo 27: «Tambien apunté en el § 20, numero 2, que los sabios tultecos, desde la segunda edad, ordenaron el bisiesto apuntando el año civil con el equinoccio verno, y que en la tercera edad hubo otro modo de intercalar en cuanto al kalendario ritual. Y es asi que para no turbar el órden perpetuo de las fiestas fixas y de tabla y de las 16 movibles que circulaban en los symbolos de los dias del año, en ocasion de numerarse dos veces el symbolo del ultimo mes del año bisextil..., tuvieron por mejor evitar todas estas dificultades y confusiones reservando los trece dias bisextiles para el fin del cyclo de 52 años, los que destinguian en las ruedas ó tablas con 13 ceros ceruleos ó de otro color y no pertenecian ni a mes ni á año alguno, ni tenian symbolos propios como los demas dias. Se pasaba por ellos como si no hubiese tales dias, ni se aplicaban à Dios alguno de los suyos, por que los reputaban por aciagos. Toda esta triadecatérida era de penitencia y ayuno, por el miedo de que se acabase el mundo: no se comia cosa caliente, por que estaba apagado el fuego en toda la tierra hasta que empezase el otro cyclo, el que traia consigo la referida ceremonia del fuego nuevo. Y siendo asi que todo lo dicho pertenecia tan solamente á los ritos y sacrificios, luego este modo de intercalar no podia estenderse al año trópico, por que hubiera alterado notablemente los solsticios y equinoccios y los principios de los años y se prueba evidentemente por que tales trece dias no tenian symbolos algunos de los que pertenecian á los dias del año, y el kalendario ritual los reputaba por bisextiles á la decadencia de cada cyclo, imitando con diferente órden á el bisiesto del año civil mas proprio al gobierno de las cosas publicas.»
Como el Caballero Boturini tenia conocimientos superiores á cualquiera otro de las historias y pinturas de los indios, es evidente que nada puede contrabalancear su autoridad sobre esta materia, y que su pluma ha puesto la cuestion bajo su verdadero punto de vista.
§ VI.—De l’année bissextile.
Tel était l’accord existant entre les jours ou chiffres de la semaine, qui signalaient le commencement de l’année, et les quatre jours initiaux de chaque série de cinq, qu’il était fort difficile d’intercaler un jour additionnel aux années bissextiles, sans troubler l’ordre corrélatif des jours initiaux, qui se suit constamment dans la dénomination des années et forme leurs indictions ou semaines. Mais le bissextile étant de toute nécessité pour le complément du cours solaire, que les Indiens connaissaient parfaitement, il est hors de doute qu’ils avaient une manière particulière de faire cette intercalation, quoiqu’ils n’aient pas laissé les moyens de la vérifier[25]. C’est pourquoi nous parlerons ici de la méthode employée par les Mexicains, leur chronologie ayant une grande analogie avec celle de nos Indiens, qui avait avec la leur une origine commune. Veytia, dans le chapitre premier de son Histoire ancienne du Mexique, tirée, dit-il, des hiéroglyphes et peintures qui se conservaient de son temps, comme des annales nationales, assure, conformément au sentiment des écrivains mexicains, que l’année bissextile se réglait de deux manières différentes: la première, en ajoutant à la fin du dix-huitième mois ou des cinq jours supplémentaires, un jour de plus, signalé par le même hiéroglyphe que le précédent, mais avec un chiffre différent, quant à la semaine, c’est-à-dire avec le suivant. Mais, dans l’un et l’autre cas, il y a perturbation dans l’ordre numérique, par lequel les années se suivent l’une l’autre; car la cinquième année se trouverait ainsi signalée par le numéro 6 au lieu du numéro 5 de la semaine qui y correspond régulièrement, en passant de 4 à 6: ces interruptions arrivant tous les quatre ans, rendraient impossible la conservation de cette coordination numérale des treize ans qu’on retrouve constamment, et qui est la base du système ingénieux des roues, inventées pour former les indictions ou semaines d’années, dont se compose le cycle de 52 ans.
Pour obvier à cet inconvénient, auquel Veytia ne fit pas assez attention, il faut croire qu’ils intercalaient ce jour soit à la fin du dix-huitième mois, soit à la suite des cinq complémentaires; ils devaient non-seulement le marquer avec le chiffre et hiéroglyphe du jour précédent, mais aussi avec un autre signe qui le distinguât de celui-ci, afin qu’on ne les confondît pas dans les dates[26].